jueves, 20 de octubre de 2011

Edgar Allan Poe, poeta maldito.

Me atrevería a decir que mis años de adolescente quedaron marcados por la obra de Edgar Allan Poe. Su genio danzaba sobre papeles que daban vida a poemas, ácidas críticas literarias, narraciones llenas de fantasía, cuentos donde el terror atrapaba los sentidos. Poe nació bajo complejas circunstancias, y su vida fue un vagabundeo permanente tras la búsqueda de un destino, una tranquilidad que nunca llegó a él.

Quise recordarlo en sus textos crípticos, en su ciencia ficción premonitoria, en la creación de la novela policial. Nadie es profeta en su tierra y sus escritos comienzan a popularizarse en Europa. El gran Baudelaire lo traduce al francés, uniendo desde entonces su nombre al grupo de poetas malditos, con Arthur Rimbeaud, Stéphane Mellarmé, Tristán Corbiere, y varios otros, según los bautiza Paul Verlaine, tomado del poema de Baudelaire que lleva el título de Bendición, en el libro Las Flores del Mal.
Virginia Clemm
¿Qué mundos chocan en el espíritu de Poe? Abandonado por su padre al nacer, su madre fallece un año más tarde, y el pequeño Edar Poe es adoptado por la familia escocesa Allan, en su natal Boston, quienes le llevan a Richmond pero nunca lo reconocen legalmente.


Alumno de la Universidad de Virginia, renuncia; entra a la Academia Militar de West Point y lo echan; entonces, inicia su carrera de publicista y crítico.
Enamorado de su prima Virginia Clemm, de solo 13 años, se casa con ella (1835) pero la joven fallece de tuberculosis (1847) dos años despuéa que Poe publique su inmortal poema El Cuervo.


Poe sigue escribiendo y recorriendo periódicos donde publicar sus obras. Crea su propia editorial, intenta  sacar un periódico pero no alcanza a publicarlo, porque es encontrado desfalleciente en un bar de Baltimore, y llevado a un hospital cercano donde se mantiene desaparecido durante cinco días.


Allí fallece, el 7 de octubre de 1849. Se tejieron distintas historias: tuberculosis, cólera, alcoholismo, ataque cerebral, drogas, ataque al corazón e incluso suicidio.
Recién había cumplido cuarenta años.


Sus frasesnos  hablan mejor que un análisis de ellas:
 "No tengo fe en la perfección humana. El hombre es ahora más activo, no más feliz ni inteligente de lo que fuera hace 6.000 años".  "Todo  lo que vemos o  parecemos es solo un sueño dentro de un sueño". "Cuando un loco parece sensato, es  ya  momento de ponerle la camisa de fuerza".  "Sueños.  Esos pedacitos de muerte. ¡Cómo los odio!".


Edgar Allan Poe fue único, incomprensible e incomprendido, un genio atacado sin misericordia por sus críticos, a quienes solo conocemos cuando investigamos a Poe.


Fue mi inspiración de adolescente. Hoy sus textos son maduros para quien ha madurado en su larga compañía.



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