sábado, 16 de noviembre de 2013

Adelanto gráfico del libro 150 años.




Me han avisado desde algunas compañías que están recibiendo el libro con el que el Cuerpo de Bomberos de Santiago está celebrando su Sesquicentenario de existencia institucional. 

Como recordarán, este libro fue lanzado el pasado jueves 7 en la Feria Internacional de Libro siendo presentado por el premio Nacional de Literatura Oscar Hahn, la alcaldesa de Santiago Carolina Tohá y el secretario general del Cuerpo.

Para los que no lo tienen todavía,les adelanto algunas de las ilustraciones que aparecen en la obra.

Ojalá disfruten viéndolas, como yo disfruté dibujándolas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Un mundo recuperado tres mil años después



Fue un día sábado 29 de abril cuando llegamos con mi hermano a la casa del arquitecto Julio Valdés. Alberto tendría unos 14 años y yo tres menos, y habíamos sido invitados por este señor después de haber asistido a una conferencia en la sala Le Caveau de la Librería Francesa, que quedaba en la segunda cuadra de calle Estado, en Santiago. En esa ocasión habíamos llegado luego de ver un aviso en la prensa que invitaba a una conferencia sobre las campañas de Napoleón. Al bajar al primer subterráneo de la librería quedamos deslumbrados. A los costados del salón se exhibían hermosas vitrinas iluminadas con las grandes batallas de Napoleón, reproducidas a la perfección en pequeñas figuras planas de metal, pintadas a la perfección. 

Nos quedamos pegados al vidrio que mostraba, con cientos de figuras, una escena de la noche anterior a la batalla de Austerlitz. El emperador Napoleón se veía sentado, con un pie estirado y apoyado sobre un tambor, rodeado por sus mariscales, mientras los soldados marchaban saludándolo. Era emocionante ver esa escena de 1805 recuperada en un diorama 150 años después.

Fue tal nuestra impresión que el autor del diorama, el arquitecto Julio Valdés, nos invitó a su casa para conocer su colección donde llegamos días después. Era como llegar a un templo, donde miles de figuras de distintos países y distintas épocas formaban en columnas de combate, o defendían un gran castillo medieval, o se desplegaban por una campiña perfectamente recreada.

Ese fue el inicio de nuestra relación con las maquetas. Como no teníamos los ingresos para comprar las figuras, las hacíamos con un alfiler, al que agregábamos una pequeña bola de plasticina  para hacer la cabeza, y luego el cuerpo, las piernas, los brazos, las mochilas, los morriones, los fusiles, y después pintábamos las figuras con pequeños tarros de esmalte. Y así revivimos la batalla de Waterloo, con sus cargas de caballería, el avance de las columnas y el estruendo imaginario de los cañonazos extendidos en un viejo tablero de dibujo de papá, cubierto con plasticina simulando la topografía del campo de batalla.

Hoy, los dioramas que hicimos años más tarde con mi hermano se exhiben en el Museo Histórico de la Casa Colorada, en el Museo Histórico y Militar, en el norte y en otros lugares. Ya no los hacíamos de plasticina, sino que eran figuras  a escala que se venden en lugares como la Juguetería Alemana o en los altos del Centro Apumanque. Y he seguido coleccionando y pintando figuras con mi hijo Alejandro, un experto en pinturas en miniatura, para que algún día pueda crear un Museo de la Antigüedad. Mientras tanto, seguirán acumulándose en la bodega de mi casa. Les entrego algunos ejemplos del trabajo que estamos haciendo.

Pero el placer de ver a las falanges de Alejandro el Magno enfrentando a los cientos de guerreros persas, con sus carros falcados y elefantes de guerra; o los honderos asirios, guerreros troyanos, hititas, mayas, aztecas, cruzados, sarracenos o escoceses, es una experiencia realmente única, con más de 8.000 figuras que se van pintando y guardando en pequeñas vitrinas o en cajas con una clara identificación.

Algún día, sueño, ese museo será un regalo para todos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

lanzamiento del libro 150 años de bomberos

El jueves 7 de noviembre se realizó el lanzamiento del libro sobre el sesquicentenario de los bomberos de Santiago. Debo reconocer que estaba aterrado. El trabajo de escribir y producir un libro tiene momentos de mucha alegría y de mucha tensión. En él se confrontan detrás de las cortinas del escenario las distintas visiones y las distintas opiniones a lo que debe verse y escribirse. Porque es un trabajo de alto profesionalismo el que se quería lograr en este caso. Y nada de eso estuvo ausente en la realización de este maravilloso volumen que ahora se entrega a los bomberos en una fecha tan significativa como lo es este año 2013, ciento cincuenta años después del horroroso incendio de la compañía y de la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

El libro ya va a llegar a ustedes, de una o de otra forma, pero en estas líneas quiero destacar el trabajo de todos los que aquí participaron. Porque tal como lo señalé en la Feria Internacional de Libro, esta obra es hijo de las confianzas. Primero, la confianza entregada por el presidente de la comisión sesquicentenario del Cuerpo de Bomberos, el director honorario Próspero Bisquertt, a mi persona y a mi hermano, para echar adelante este proyecto. Y en segundo lugar, la confianza que él tuvo en aceptar ni proposición de que la editora general de este libro fuera la señora Rosario Garrido, quien a la cabeza de un grupo de especialistas en las áreas de edición, diagramación e investigación, dieron vida a esta maravilla que hoy se entrega a la ciudad.
A mi hermano Alberto, que esa misma tarde en que nos reunimos para iniciar este trabajo, guardó sus apuntes y partió al infinito.

A la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, que en hermosas como emocionantes palabras logró perfilar el servicio de estos bomberos voluntarios y su relación profunda con la comunidad. A Oscar Hahn, premio nacional de literatura 2013, quien aportó con sus poemas a valorar aún más este libro, y a Marco Antonio Cumsille, Secretario General del Cuerpo de Bomberos de Santiago, por su perfecta coordinación y aquilibrio para echar adelante este complejo trabajo.

Y a mis amigos que aportaron sus ideas, a mis hijos que me empujaron a seguir el trabajo a pesar de los pesares, y al Cuerpo de Bomberos de Santiago, una institución hermosa, a la cual me enorgullezco de pertenecer. No es de extrañar que en mi caso haya ingresado para el centenario, en 1963, y esté entregando este libro en el sesquicentenario, cincuenta años más tarde.
A todos, muchas gracias.

Un bicentenario olvidado.



En 1813 Chile se había convertido en un país intelectualmente independiente. Desde que José Miguel Carrera había asumido el gobierno un año y dos meses antes, esta lejana colonia española se había identificado con su nueva bandera, un escudo nacional y una primera constitución donde no se reconocía otras leyes que las emanadas en este país.

Era demasiada soberbia para ser permitida por el virrey Fernando de Abascal, "el Argos de los mil ojos" como se le conocía, porque todo lo observaba y todo lo vigilaba. Y así como había enfrentado los alzamientos en Alto Perú y en Quito, ahora era el turno de golpear a Chile. En enero de 1813 llegaba la primera expedición militar encabezada por el brigadier don Antonio Pareja, desembarcando en Chiloé.
Había que someter a los insurgentes encabezados por ese Carrera.

En Chiloé, Pareja recluta a las milicia y las embarca con destino a Valdivia. Ahí se le suman los regimientos de milicias y los de línea, realistas de alma y fusil. El destino ahora es Concepción, la gran plaza política y militar de Chile. Solo a fines de marzo llegaba a galope tendido la noticia a Santiago. Carrera asume como comandante en jefe de un ejército de reclutas y parte al sur.
Era una guerra civil entre chilenos patriotas y chilenos realistas.

Cómo olvidar los combates de Yerbas Buenas y San Carlos, donde los bisoños
soldados se enfrentaban por vez primera bajo la bandera de un nuevo país. Y un mes más tarde, la tricolor chilena flameaba en Talcahuano y Concepción. Y vino el sitio de Chillán, donde se había refugiado el general español, y vino la lluvia y el invierno más duro, el mismo que había derrotado en Rusia a Napoleón Bonaparte. Y el sitio de Chillán se convirtió en un fracaso. Una ciudad fortificada, con el apoyo decidido de una población totalmente realista, y con la fuerza espiritual de los sacerdotes españoles de la congregación de la propaganda fide, fueron el apoyo la salvación momentánea del general Pareja. Poco después, el general y marino fallecía en la fría ciudad de Chillán.


Pero las disensiones al interior del gobierno nacional habían abierto una brecha entre el comandante en jefe del ejército, Carrera, y el comandante de milicias O'Higgins, dre destacada actuación en el combate y sorpresa de El Roble.

En noviembre de ese victorioso y luego trágico año de 1813, José Miguel Carera
era destituido del mando por la Junta de Santiago, y caía preso de los españoles, siendo encerrado con su hermano Luis en las cárceles de Chillán.

Estos hechos ourrían hace doscientos años y era bueno recordarlo junto a ustedes.

lunes, 27 de mayo de 2013

150 años del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Ayer, domingo 26 de mayo de 2013, entregué el último capítulo de un nuevo libro que espero sea del gusto de ustedes. Es una nueva Historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago, al cumplir sus 150 de existencia. El  trabajo fue encargado por las autoridades del Cuerpo con motivo de tan extraordinaria celebración, y busca entregar una visión lo más completa como ágil de lo que ha sido la Historia de la institución, con una mirada moderna, mucho material gráfico y un diseño de gran nivel. Podrán imaginar el tremendo orgullo que significa para mí escribir este libro.  No ha sido fácil pero debo agradecer la participación de un gran equipo desde editores, investigadores, productores, correctores de texto y diseñadores que han hecho posible sacar adelante este sueño.

Nuestra literatura bomberil es escasa pero de gran nivel. A los trabajos de don Ismael Valdés Vergara y Jorge Recabarren, se han ido sumando los aportes de Agustín Gutiérrez, Mauricio Bernabó, Lino Echenique  y muchos otros investigadores que han ido complementando la rica visión de nuestra historia.  Y siempre se va a requerir más investigación, y más documentos que saquen a la luz lo que han sido estos ciento cincuenta años.

A lo mejor el resultado no va a dejar satisfecho a todo el mundo. Chile es y ha sido un país de historiadores  y un nuevo texto va a ser objeto de minucioso análisis, pero ese es el riego. Y hay que asumirlo. Pero ya ha entrado en etapa de revisión y diagramación, con la certeza que va a estar impreso cuando estemos conmemorando el sesquicentenario.

Ya lo tendremos informado. Mientras, gracias a todos aquellos que han prestado su apoyo para sacar adelante este trabajo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Ahora necesito tu ayuda

Necesitamos tu aporte para seguir ayudando. Te lo pido como voluntario de la 14a. compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Tu aporte mensual, ya sea de  tres mil pesos, cinco mil o más, va a ayudarnos a entregar un servicio cada vez de mayor calidad, que solo va en beneficio de nuestros compatriotas que se encuentran en una situación de emergencia.
No he agregado un artículo histórico  como siempre, pero este es un llamado que hago a mis amigos de verdad. 
El enlace para entregar tu aporte es
http://www.14.cl/ayudanos/

No sabes cuánto te lo vamos a agradecer. Un abrazo.






















miércoles, 27 de febrero de 2013

Buscando a míster Smith


Un domingo de febrero al atardecer conversaba con mi amigo Guillermo Villouta, distinguido voluntario de la 5a. compañía y apasionado de la Historia, y surgió entre otros el nombre de Juan Tomás Smith, quien fuera el primer tesorero general del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Y su pregunta, entendible por lo demás, fue: "¿tú conoces el segundo apellido del señor Smith?" a lo que respondí "no tengo idea"  "¿Cómo lo podemos averiguar?" y empezó la odisea de internet, árboles genealógicos, apareció de pronto una familia Smith del Campo, y rastreando por las ramas del histórico árbol llegamos a una señora llamada Buenaventura del Campo, madre de los tres Smith del Campo, hasta que averiguamos que había casado con un señor Smith Lawerenson, fallecido en 1882.  ¡Por fin aparecía el segundo apellido ¡Lawerenson! ya que míster Smith,  nuestro míster Smith, también había fallecido en 1882.
Teníamos el segundo apellido. Ahora, había que verificar dónde estaba su tumba.

         El miércoles siguiente, Guillermo Villouta me pasaba a buscar a mi casa
a las 10:30 y partíamos al cementerio en su auto (verde, como corresponde a un quintino que se precie de tal). La reunión debía terminar a más tardar a las 4, porque yo tenía otra reunión a las 4 de la tarde.
         Averiguando llegamos hasta una oficina de informaciones donde nos atendió un amable señor Parra-Aguirre, y nos dedicamos a buscar los libros del año 1882, hasta que apareció el bueno de míster Smith, con su segundo apellido Lawerenson, y donde figuraba sepultado en el patio de disidentes tumba 247, que tenía 74 años y que había sido enterrado con 1a. categoría, es decir, con carroza negra y percherones negros con gualdrapas negras. El patio de disidentes correspondía a lo que se conoce como el patio histórico, siendo los disidentes aquellos que no profesaban la religión católica.
         Y partimos a buscar el patio aquel, que se nos indicó quedaba frente a la capilla. Al pasar por el lugar santo, Guillermo me señaló que la campana de la capilla había sido del Templo de la Compañía, a la que saqué foto, porque llevé mi cámara para registrar la peregrinación
         Comenzamos a buscar la tumba en el sector llamado "histórico", pero la maleza, los árboles crecidos sobre  las tumbas, las lápidas destrozadas por los terremotos y los años, hacía muy complicada la búsqueda. Además, las numeraciones (donde quedaba alguna) parecían no tener lógica. Llevábamos unos quince minutos cuando me puse a razonar, buscando esa lógica extraviada. Miré el número aún visible de una tumba, y era la 321. Y fui revisando una a una, siendo la primera la de Gumecindo Claro y Cruz, hermano del fundador del Cuerpo José Luis Claro. Avancé unos pasos hacia el norte en busca de otras tumbas con número y luego de raspar con el pie una lápida gris cubierta de musgo seco, apareció el 341. Teníamos la primera pista. Bajé hacia el oriente a la siguiente hilera de tumbas, y avancé hasta el inicio. Eran las marcadas con los números 200. Paso a paso, raspando algunas, revisando otras más visibles, llegué a una reja rectangular, llena de malezas y sin lápida. Sentí que esa era, pero tenía que seguir. Miré la del lado, también con reja, y que mostraba un raquítico pero frondoso árbol y malezas en altura. No había posibilidad de leer su escondida lápida vertical, por lo que metí la cabeza entre las ramas y me acerqué lo más que pude a la sombreada lápida. "Smith", Y abajo, casi invisible, el número 247.
         "¡Guillermo. La encontré!"
         Me sentí cual Schliemann en la tumba de Agamenón.
        
Guillermo Villouta junto a la tumba de J. T. Smith
         Saqué las fotos correspondientes y sentí que habíamos rendido un homenaje de reconocimiento a un hombre que forjó una institución y que hoy lo mantiene en el más absoluto olvido. Será bueno avisarle a la 8a. para que vayan a la tumba y le echen una "amonanadita". ¿Quién fue realmente Juan Tomás Smith? Seguro que se llamaba John Thomas Smith Lawerenson, que había nacido en Inglaterra, que había llegado a Chile y que, presumiblemente era contador, como mi abuelo gringo, porque fue nombrado Tesorero General el día de la fundación del Cuerpo, y se mantuvo en el cargo por largos años hasta 1879. En las memorias del Cuerpo de Bomberos aparece como miembro del Directorio, sin compañía, pero en la 8a. aparece como voluntario. Seguramente en Chile conoció a doña Buenaventura del Campo con la que se casó y tuvo hijos. Y hasta ahí llega la información. De su rostro queda el cuadro del primer directorio pintado por Lemoine.
         Nos despedimos de míster Smith, sintiendo la emoción de haber cumplido la silenciosa como anónima misión. Seguramente míster Smith sonrió por un instante.