Las noches de la antigua Roma eran sombrías, hediondas y peligrosas. Durante los tiempos republicanos las estrechas callejuelas levantadas sobre pantanos drenados escondían a ladrones y borrachos que se hacinaban en altillos, tabernas y lupanares. La pobreza y la miseria rondaban por las estrechas y oscuras callejuelas, en las que no existía luz alguna.
Las únicas antorchas que se veían, y en movimiento, correspondía a los tresviros noctunos, primitivos
vigilantes que resguardaban el orden, en la medida de lo posible, y que junto a ediles y tribunos de la plebe debían enfrentar los permanentes incendios provocados por el descuido ciudadano.
Al darse la alarma de incendio, los tresviros eran apoyados por partidas de esclavos que debían combatir el fuego con sus escasas herramientas, principalmente baldes, picotas y escalas.
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Bomberos romano |
Fue por eso que al asumir Octavio como primer emperador, bajo el nombre de César Octavio Augusto, creó los cuerpos que conocemos como vigilantes o vigiles. Esto ocurría en el año 6 de nuestra era.
Pero, los pobres vigiles quedaban en medio de la tormenta. No podían ser un cuerpo paramilitar, porque los convertiría en una fuerza peligrosa, pero tampoco podían ser ciudadanos ya que el de vigilis era un trabajo indigno y por eso se prefirió a antiguos esclavos, libertos, para cumplir con las funciones requeridas, desde apagar incendios hasta detener a ladrones, borrachos e incendiarios,
Incluso se les llamaba "spartoli", algo así como los hombres de los cubos, en referencia a los que llevaban para apagar el fuego.
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Emperador Cómodo |
Este sistema de vigiles se extendió por el Imperio desapareciendo solo cuando las invasiones de las tribus germánicas trastocaron profundamente y para siempre el universo romano.
Pasaría mucho tiempo antes que los bomberos renacieran de sus cenizas.
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