jueves, 5 de diciembre de 2013

Pedro Urriola Balbontín, hijo de panameño.




Siempre ha ejercido en mi un especial interés la vida de Pedro Alcántara Urriola Balbontín, el comandante del fatal asalto al cuartel de artillería en la Revolución de 1851 en Santiago. Y busqué en distintas fuentes algo parecido a un árbol genealógico para conocer mejor su historia. Y voy a compartir con ustedes la información que encontré en los viejos archivos españoles.

La primera fecha registrada es el año 1644 en la localidad de Durango, región de Vizcaya en la España de los tiempos de los Habsburgo. Allí vive el matrimonio formado por don Martín Urriola Echeverría y doña María López de Ovalle (Olave, según algunos) y Larrinaga, en un lugar conocido por los vecinos como Antiglesia de Murelaga.
Su hijo, don Martín Urriola López de Ovalle (Olave) había casado con doña Antonia Idirín Solano, también de Durango. El año señalado más arriba, 1644, consigna el año de la muerte de  don Martín, falleciendo doña Antonia en 1681.

De este matrimonio nace en 1644 don Gabriel Urriola Idirín, quien va a quedar huérfano de padre a los nueve meses de existencia. Gabriel fue el primero de los Urriola en salir a buscar una nueva vida en el nuevo mundo.Y llega a Panamá, y a poco de acostumbrarse al clima tropical, se prenda de una tal Juana González de Andújar, 27 años menor que él, y se casa con ella, estableciéndose como caballero importante, ya que en 1701 asume como alcalde, luego será oficial de las Cajas Reales y Alguacil Mayor de la temida Inquisición.
Del matrimonio con la joven Juana van a nacertres hijos que llevarán los nombres de Tomás, Gabriel y Juan Urriola González. El ya viejo alcalde Gabriel Urriola Idirín regresa a su tierra natal, donde fallece en 1723.

El tercero de los hijos, don Juan Urriola González (1705) sigue la carrera militar siendo capitán de milicias de Panamá (1726), Alcalde de la Hermandad (1727-1732), Alcalde y Justicia Mayor de la Aduana de Cruces jurando heredad en 1738.

Aquí, el vínculo con la madre patria se tompe definitivamente, ya que don Juan va a casar con otra panameña, Antonia Echevers Romero, teniendo con ella cinco hijos varones uno de los cuales, Luis Miguel Urriola Echevers es el que llega a Chile. Y vaya que era importante el personaje. Entre sus títulos podemos mencionar que era titulado en la Universidad de Sigüenza, que era catedrático y más tarde rector del colegio de San Clemente en Bolonia hasta ser destinado como Oidor de la eal Audiencia de Santiago de Chile, cargo que va a oupar entre 1782 y 1788.

En esta ciudad contrae matrimonio con doña María Josefa Balbontín de los Reyes  (De las Torres según otros autores), de cuyos seis hijos tres serán mujeres y tres varones. Uno de ellos llevará el nombre de Pedro Alcántara Urriola Balbontín, nuestro mártir de la guerra civil de 1851.

Para quienes no sepan mucho acerca del coronel Pedro Urriola Balbontín les diremos que había nacido el 22 de febrero de 1797, y que al proclamar Chile su Primera Junta de Gobierno en 1810, tenía tan solo 13 años.Y cuando España amenaza con la guerra en 1813, se enrola en el ejército que organiza don José Miguel Carrera con solo 16 años. Y estuvo con los Húsares de la Gran Guardia hasta la derrota de Rancagua en 1814, para luego sumarse a las guerrillas de Manuel Rodríguez durante la Reconquista Española, atacando pueblos y arrancando de las persecuciones realistas.
Será integrante de los Húsares de la Muerte creados por Manuel Rodríguez tras el desastre de Cancha Rayada, que se distinguían por usar barba debajo del mentón afeitado; estará en las campañas de la Patria Nueva, guerra contra la Confederación peruano-boliviana, para finalmente morir frente a los muros del cuartel de artilleria, a los pies del cerro Santa Lucía.

Como buen liberal, había levantado su espada en apoyo a los igualitarios de Francisco Bilbao para evitar el triunfo conservador del candidato presidencia Manuel Montt en las elecciones de ese año. 

Uno de sus hijos, Martiniano Urriola Guzmán, será su compañero en la guerra contra la Confederación y su asistente en la revolución de 1851. Desterrado, regresa a Chile en 1861, reincorporándose al ejército para defender el puerto de Valparaíso durante el bombardeo español de 1866, y en las campañas de la Guerra del Pacífico como coronel graduado y comandante de división. Falleció en 1888.

Pedro y Mariano Urriola, hijo y nieto de panameños. entre las figuras más destacadas de nuestra Historia Militar.


lunes, 2 de diciembre de 2013

La historia de un general escocés que pudo convertirnos en colona británica.



Pocos conocemos la historia de sir Robert Craufurd, un oficial escocés del ejército de Wellington  durante las campañas contra Napoleón Bonaparte. Digamos que había nacido en Ayrshire, Escocia, en 1764, y su carrera militar lo llevó desde la India a Holanda, España y Buenos Aires. Estuvo en las guerras contra Napoleón al mando de su famosa brigada ligera, combatiendo con temeridad y arrojo en cada combate.

Craufurd era un oficia difícil, dueño de un temperamento violentos, siendo conocido como Black Bob por sus soldados, que le temían pero que a la vez lo adoraban. 

El día 13 de septiembre de 1806 el primer ministro británico William Grenville recibe una alegre nota del brigadier general William Carr Beresford, anunciándole el éxito de la ocupación inglesa de la ciudad de Buenos Aires el día 27 de junio recién pasado.

Esta noticia se sumaba a la conquista, hacía muy poco tiempo, del puerto holandés de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, facilitando así el dominio del Atlántico sur. Desde allí había salido la flota del comodoro Popham llevando la expedición de Beresford contra el Río de la Plata, y se abría una oportunidad única para dar un golpe definitivo al Imperio Español en América.
En octubre salía desde Inglaterra una segunda expedición a Buenos Aires en apoyo a Beresford. Y se planifica una increíble estrategia para conquistar a Chile, México y Filipinas.

Fue el Ministro de Guerra y Colonias, William Windham, quien llama a nuestro conocido Robert Craufurd, entregándole una fuerza militar de 4.000 soldados que viajarán en la flota del almirante John Murray. Objetivo: apoderarse de Valparaíso y otros puertos, y convertir a Chile en un dominio británico. Tan pronto se apoderara del país, Craufurd debía establecer "una comunicación ininterrumpida" con el general Beresford en Buenos Aires "usando una cadena de postas o cualquier otro medio adecuado" entre Valparaíso y Buenos Aires. (De las instrucciones del ministro Windham al brigadier general Craufurd).

Finalmente, la expedición del general escocés llega al punto de encuentro en Ciudad del Cabo el 27 de marzo de 1807. Allí le esperaba un ansioso almirante Murray con malas noticias. El ejército de Beresford había sido derrotado en Buenos Aires en diciembre del año anterior y ahora las fuerzas de Craufurd debían partir a reconquistar Buenos Aires. Fue una mala decisión, y Craufurd debió rendirse ante las tropas criollas que defendían al rey de España.

Canjeado más tarde como prisionero, nuestro personaje regresa a Gran Bretaña donde es nuevamente destinado a la guerra en España contra Napoleón, asumiendo el mando de su legendaria brigada ligera, una unidad de infantería de élite, con la que había adquirido renombre de valiente y temerario.
Durante el asalto final a Ciudad Rodrigo, el brigadier general Robert Craufurd es herido mortalmente, falleciendo cinco días después de la toma  el 23 de enero de 1812. Tenía 47 años.

Así terminó la vida de este general escocés que pudo haber convertido a Chile en una colonia británica en 1807. Valía la pena recordarlo.




sábado, 23 de noviembre de 2013

A 50 años del crimen de JFK

               
En un día como hoy una bala quitó la vida al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y daba origen a una de las leyendas más importantes del siglo veinte. John Kennedy se presentaba al mundo de ese entonces como un líder distinto, cuyas preocupaciones eran las que caracterizaban a la Guerra Fría: el muro de Berlín, Cuba, la lucha por los derechos civiles de negros y latinoamericanos en su propio país.

Fue el hombre de esa Guerra Fría, cuando la órbita soviética y la órbita norteamericana dominaban sin contrapeso sobre los países del tercer mundo. Eran días de tensión permanente, como ese año 1962 cuando éramos testigos aterrados del enfrentamiento entre las flotas de guerra de las dos potencias en la llamada crisis de los misiles en Cuba. Khruschev y Kennedy lograron solucionar la mayor crisis atómica de la Historia con una llamada telefónica.

Solo un año más tarde, en Dallas, Texas, en los estados racistas del sur, estado contrario a los derechos civiles, Lee Harvey Osvald apretó el gatillo de su fusil italiano Mannlicher-Carcano de la Segunda Guerra Mundial. A 81 metros de distancia la bala disparada terminó con la vida del presidente de 46 años.

Kennedy fue el hombre de la carrera espacial sin poder alcanzar a ver la llegada del hombre a la Luna. Pero más que nada y por sobre todo, JFK fue el aire fresco que necesitaba la política mundial. Fue una esperanza para generaciones de jóvenes del planeta, fue valiente, con una mujer hermosa que convertía a la pareja en un nuevo cuento de hadas. Los Kennedy eran la nueva época, y así fueron asesinados, primero John y después Robert, su hermano.

Por eso, a 50 años, cuando ya todo es parte de la leyenda y las emociones tremendas de ese día se dan disolviendo en el pasado, quisimos recordarlo para dejar constancia que esos rostros, esas ideas y esos sueños aún siguen vivos.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Adelanto gráfico del libro 150 años.




Me han avisado desde algunas compañías que están recibiendo el libro con el que el Cuerpo de Bomberos de Santiago está celebrando su Sesquicentenario de existencia institucional. 

Como recordarán, este libro fue lanzado el pasado jueves 7 en la Feria Internacional de Libro siendo presentado por el premio Nacional de Literatura Oscar Hahn, la alcaldesa de Santiago Carolina Tohá y el secretario general del Cuerpo.

Para los que no lo tienen todavía,les adelanto algunas de las ilustraciones que aparecen en la obra.

Ojalá disfruten viéndolas, como yo disfruté dibujándolas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Un mundo recuperado tres mil años después



Fue un día sábado 29 de abril cuando llegamos con mi hermano a la casa del arquitecto Julio Valdés. Alberto tendría unos 14 años y yo tres menos, y habíamos sido invitados por este señor después de haber asistido a una conferencia en la sala Le Caveau de la Librería Francesa, que quedaba en la segunda cuadra de calle Estado, en Santiago. En esa ocasión habíamos llegado luego de ver un aviso en la prensa que invitaba a una conferencia sobre las campañas de Napoleón. Al bajar al primer subterráneo de la librería quedamos deslumbrados. A los costados del salón se exhibían hermosas vitrinas iluminadas con las grandes batallas de Napoleón, reproducidas a la perfección en pequeñas figuras planas de metal, pintadas a la perfección. 

Nos quedamos pegados al vidrio que mostraba, con cientos de figuras, una escena de la noche anterior a la batalla de Austerlitz. El emperador Napoleón se veía sentado, con un pie estirado y apoyado sobre un tambor, rodeado por sus mariscales, mientras los soldados marchaban saludándolo. Era emocionante ver esa escena de 1805 recuperada en un diorama 150 años después.

Fue tal nuestra impresión que el autor del diorama, el arquitecto Julio Valdés, nos invitó a su casa para conocer su colección donde llegamos días después. Era como llegar a un templo, donde miles de figuras de distintos países y distintas épocas formaban en columnas de combate, o defendían un gran castillo medieval, o se desplegaban por una campiña perfectamente recreada.

Ese fue el inicio de nuestra relación con las maquetas. Como no teníamos los ingresos para comprar las figuras, las hacíamos con un alfiler, al que agregábamos una pequeña bola de plasticina  para hacer la cabeza, y luego el cuerpo, las piernas, los brazos, las mochilas, los morriones, los fusiles, y después pintábamos las figuras con pequeños tarros de esmalte. Y así revivimos la batalla de Waterloo, con sus cargas de caballería, el avance de las columnas y el estruendo imaginario de los cañonazos extendidos en un viejo tablero de dibujo de papá, cubierto con plasticina simulando la topografía del campo de batalla.

Hoy, los dioramas que hicimos años más tarde con mi hermano se exhiben en el Museo Histórico de la Casa Colorada, en el Museo Histórico y Militar, en el norte y en otros lugares. Ya no los hacíamos de plasticina, sino que eran figuras  a escala que se venden en lugares como la Juguetería Alemana o en los altos del Centro Apumanque. Y he seguido coleccionando y pintando figuras con mi hijo Alejandro, un experto en pinturas en miniatura, para que algún día pueda crear un Museo de la Antigüedad. Mientras tanto, seguirán acumulándose en la bodega de mi casa. Les entrego algunos ejemplos del trabajo que estamos haciendo.

Pero el placer de ver a las falanges de Alejandro el Magno enfrentando a los cientos de guerreros persas, con sus carros falcados y elefantes de guerra; o los honderos asirios, guerreros troyanos, hititas, mayas, aztecas, cruzados, sarracenos o escoceses, es una experiencia realmente única, con más de 8.000 figuras que se van pintando y guardando en pequeñas vitrinas o en cajas con una clara identificación.

Algún día, sueño, ese museo será un regalo para todos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

lanzamiento del libro 150 años de bomberos

El jueves 7 de noviembre se realizó el lanzamiento del libro sobre el sesquicentenario de los bomberos de Santiago. Debo reconocer que estaba aterrado. El trabajo de escribir y producir un libro tiene momentos de mucha alegría y de mucha tensión. En él se confrontan detrás de las cortinas del escenario las distintas visiones y las distintas opiniones a lo que debe verse y escribirse. Porque es un trabajo de alto profesionalismo el que se quería lograr en este caso. Y nada de eso estuvo ausente en la realización de este maravilloso volumen que ahora se entrega a los bomberos en una fecha tan significativa como lo es este año 2013, ciento cincuenta años después del horroroso incendio de la compañía y de la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

El libro ya va a llegar a ustedes, de una o de otra forma, pero en estas líneas quiero destacar el trabajo de todos los que aquí participaron. Porque tal como lo señalé en la Feria Internacional de Libro, esta obra es hijo de las confianzas. Primero, la confianza entregada por el presidente de la comisión sesquicentenario del Cuerpo de Bomberos, el director honorario Próspero Bisquertt, a mi persona y a mi hermano, para echar adelante este proyecto. Y en segundo lugar, la confianza que él tuvo en aceptar ni proposición de que la editora general de este libro fuera la señora Rosario Garrido, quien a la cabeza de un grupo de especialistas en las áreas de edición, diagramación e investigación, dieron vida a esta maravilla que hoy se entrega a la ciudad.
A mi hermano Alberto, que esa misma tarde en que nos reunimos para iniciar este trabajo, guardó sus apuntes y partió al infinito.

A la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, que en hermosas como emocionantes palabras logró perfilar el servicio de estos bomberos voluntarios y su relación profunda con la comunidad. A Oscar Hahn, premio nacional de literatura 2013, quien aportó con sus poemas a valorar aún más este libro, y a Marco Antonio Cumsille, Secretario General del Cuerpo de Bomberos de Santiago, por su perfecta coordinación y aquilibrio para echar adelante este complejo trabajo.

Y a mis amigos que aportaron sus ideas, a mis hijos que me empujaron a seguir el trabajo a pesar de los pesares, y al Cuerpo de Bomberos de Santiago, una institución hermosa, a la cual me enorgullezco de pertenecer. No es de extrañar que en mi caso haya ingresado para el centenario, en 1963, y esté entregando este libro en el sesquicentenario, cincuenta años más tarde.
A todos, muchas gracias.

Un bicentenario olvidado.



En 1813 Chile se había convertido en un país intelectualmente independiente. Desde que José Miguel Carrera había asumido el gobierno un año y dos meses antes, esta lejana colonia española se había identificado con su nueva bandera, un escudo nacional y una primera constitución donde no se reconocía otras leyes que las emanadas en este país.

Era demasiada soberbia para ser permitida por el virrey Fernando de Abascal, "el Argos de los mil ojos" como se le conocía, porque todo lo observaba y todo lo vigilaba. Y así como había enfrentado los alzamientos en Alto Perú y en Quito, ahora era el turno de golpear a Chile. En enero de 1813 llegaba la primera expedición militar encabezada por el brigadier don Antonio Pareja, desembarcando en Chiloé.
Había que someter a los insurgentes encabezados por ese Carrera.

En Chiloé, Pareja recluta a las milicia y las embarca con destino a Valdivia. Ahí se le suman los regimientos de milicias y los de línea, realistas de alma y fusil. El destino ahora es Concepción, la gran plaza política y militar de Chile. Solo a fines de marzo llegaba a galope tendido la noticia a Santiago. Carrera asume como comandante en jefe de un ejército de reclutas y parte al sur.
Era una guerra civil entre chilenos patriotas y chilenos realistas.

Cómo olvidar los combates de Yerbas Buenas y San Carlos, donde los bisoños
soldados se enfrentaban por vez primera bajo la bandera de un nuevo país. Y un mes más tarde, la tricolor chilena flameaba en Talcahuano y Concepción. Y vino el sitio de Chillán, donde se había refugiado el general español, y vino la lluvia y el invierno más duro, el mismo que había derrotado en Rusia a Napoleón Bonaparte. Y el sitio de Chillán se convirtió en un fracaso. Una ciudad fortificada, con el apoyo decidido de una población totalmente realista, y con la fuerza espiritual de los sacerdotes españoles de la congregación de la propaganda fide, fueron el apoyo la salvación momentánea del general Pareja. Poco después, el general y marino fallecía en la fría ciudad de Chillán.


Pero las disensiones al interior del gobierno nacional habían abierto una brecha entre el comandante en jefe del ejército, Carrera, y el comandante de milicias O'Higgins, dre destacada actuación en el combate y sorpresa de El Roble.

En noviembre de ese victorioso y luego trágico año de 1813, José Miguel Carera
era destituido del mando por la Junta de Santiago, y caía preso de los españoles, siendo encerrado con su hermano Luis en las cárceles de Chillán.

Estos hechos ourrían hace doscientos años y era bueno recordarlo junto a ustedes.