domingo, 31 de julio de 2011

Un detalle desconocido del padre de José Luis Claro.

Vicente Claro periodista.


Retrato  de Vicente Claro, año 1823,
 pintado  por  Gil de Castro
Don José Luis Claro Cruz, fundador del Cuerpo de Bomberos de Santiago, era hijo de don Vicente Claro Montenegro. Pero no es muy abundante el material que existe sobre este personaje, pero don Vicente fue un activo militar en los tiempos de la Independencia y un fiel seguidor del general O’Higgins mientras éste fue Director Supremo. Estando el antiguo Director Supremo en el exilio, don Vicente saca a luz un periódico, “El O’Higginsta” que sale publicado el 18 de enero de 1831. Es el redactor de sus artículos, con un ayudante, Ramón Mariano de Arís, quien se entendía con la Imprenta Republicana.
Ya antes, en 1830, había financiado algunas ediciones del periódico “La Antorcha de los Pueblos”, redactado por Diego Antonio Elizondo, que denunciaba la necesidad del regreso de O’Higgins, en el exilio desde 1823.
Don Vicente Claro era un profundo admirador de O’Higgins, siendo su compañero de armas en la expedición libertadora del Perú, delegado directorial en Rancagua y destacada personalidad del bando o’higginista. Tras la caída del gobierno de O’Higgins, pierde sus fueron militares y sus ingresos, siendo desterrado a Quillota, donde parte con su familia, ya que Vicente había casado con Carmen Cruz Prieto en 1819.  Después del triunfo conservador en la batalla de Lircay lucha por el retorno del ex Director Supremo para que asuma los destinos del país. Por eso publica “El O’Higginista”. Le importa la difusión de sus ideas, más que el negocio financiero del periódico, tal como lo señala en carta a su amigo Mariano Ramón de Arís: “Cuando los otros periódicos imprimen cuatrocientos ejemplares,  he mandado imprimir ochocientos, para mandarle gratis a todos los pueblos de la República”
A través del “0’Higginsta” ha ido recordando los hechos más destacados de su héroe, y en  el tercer número alcanza hasta la derrota de Rancagua.  En carta a José Antonio Rodríguez Aldea le pide la redacción de un artículo que continúe con la historia, pero el día 16 de febrero Claro es detenido por el Gobierno,  debiendo abandonar su casa en Santiago y partir desterrado a Melipilla. Partía a la relegación haciendo  el camino a pié.
Dramática existencia la de un hombre que luchó por su patria, que fue destacado militar, que junto a Carmen Cruz dejaron diez hijos que enaltecieron la Historia Patria, entre ellos a José Luis Claro Cruz, fundador de los Bomberos de Santiago. La precaria existencia de la familia cerró cuando don Vicente Claro Montenegro falleció en 1846

sábado, 30 de julio de 2011

La parada militar de 1863

Cuentan las historias que el Presidente de la República de es época, don José Joaquín Pérez Mascayano decidió invitar al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso a la Parada Militar de 1863. La joven institución fundada en 1851, solo ocho años antes, era ya el orgullo de la nación. Y marcharon hermosamente en el desfile que celebraba las glorias del Ejército. En esos momentos, Italia luchaba por su independencia, y entre las compañías porteñas asistentes marchó la Sexta Compañía, Pompa Italia. Pero un detalle llamó la atención al público que aplaudía a sus bomberos voluntarios. En vez de portar su estandarte desplegado al viento, la Sexta lo llevaba oculto en una funda de cuero. Era una forma de señalar su protesta ante el gobierno que no había reconocido aún a la nueva República Italiana. Terminado el desfile, las compañías de bomberos de Valparaíso realizaron ejercicios doctrinales en las calles de Santiago, generando la más profunda envidia de los jóvenes santiaguinos, que a pesar de su buena voluntad y deseos, no habían sido capaces de crear un Cuerpo de Bomberos en la capital.
Dramático presagio.Tres meses más tarde, el 8 de diciembre, se incendiaba el Templo de la Compañía de Jesús, cobrando más de dos mil víctimas. ¡Que falta hizo contar con una institución como la de Valparaíso para haber evitado la terrible tragedia!
Como una respuesta instantánea, el 20 de diciembre de ese año se fundaba el Cuerpo de Bomberos de Santiago.

viernes, 29 de julio de 2011

El fin del Batallón de la Bomba

A propósito de un texto que leí en un blog muy visitado, donde se cuenta el triste fin del Batallón de la Bomba, y ante la necesidad personal de dar mi opinión  respecto a él, quisiera hacer algunos alcances.
El coronel don Pedro Urriola efectivamente encabezó el motín del 20 de abril de 1851, pero nunca estuvo en su ánimo "derrocar" al gobierno del general Manuel Bulnes. Prueba de ellos fueron los constantes desplazamientos de sus tropas, las que jamás alcanzaron el edificio del Palacio de la Moneda. Mal pudiera haber muerto dicho coronel "cuando se dirigía a tomarse la Moneda", como asevera el texto.


Testigo de los hechos es don Benjamín Vicuña Mackenna, entonces de 17 años y secretario de la Sociedad de la Igualdad, como antes lo había sido del Club de la Reforma. Su mejor testimonio se encuentra en su libro "El Motín del 20 de abril de 1851".
Benjamín Vicuña Mackenna es detenido en el cuartel del Regimiento Chacabuco cuando ingresa intentando obtener el apoyo de la unidad para sumarse al motín.


El coronel don Pedro Urriola encabezó el sitio y asalto al cuartel de la artillería, ubicado a los pies del cerro Santa Lucía, donde hoy se alza la Fuente Neptuno, a la entrada del paseo del cerro.
Urriola, destacada figura militar de las guerras de la Independencia y de la Confederación Peruano-boliviana, quería presionar al gobierno para que cambiara el gabinete, demostrando con ello que la candidatura oculta de Manuel Montt era rechazada por los jóvenes liberales.
                                
Ya aclarado que Urriola nunca atacó el Palacio de la Moneda, agreguemos que el motín se había iniciado en la medianoche y encontraba a los revolucionarios de Francisco Bilbao y sus Igualitarios maniobrando por las calles del centro de la ciudad sin objetivo fijo cuando el sol ya despuntaba en la cordillera.
En un momento de decisión, Urriola ordena avanzar hacia el cuartel de la artillería. Pretende tomarlo sin derramamientos de sangre. Es en ese instante cuando un sereno, asustado al ver llegar la tropa en masa, que dispara, hiriendo de muerte al coronel Urriola.

Y otro antecedente para los bomberos interesados en el tema. Fue don José Luis Claro, futuro iniciador del Cuerpo de Bomberos de Santiago, quien va a recoger al caído, ayudado por Manuel Recabarren, también futuro fundador del Cuerpo, y el teniente Videla del Chacabuco, para trasladarlo a una casa de la calle de Las Claras, donde Urriola llega ya muerto

En cuanto al Batallón de la Bomba, se le ordena dirigirse armado en dirección al cuartel de la artillería. Encerrados entre dos fuegos en medio de la calle de Las Claras (donde hoy se alza el Archivo Nacional), es acribillado a balazos tanto por los atacantes como por los artilleros, que tras abrir los portones del cuartel, descargan balas de metralla sobre los aterrados cívicos.


Fue una masacre indescriptible.
Quisiera agregar que el calificativo de "pintoresco" con el que se define en dicho texto al batallón de la Bomba no corresponde al debido respeto que merecen esos hombres asesinados, sin posibilidad alguna de defensa.


Y por último, y excúsenme lo prolongado del texto, jamás el general Bulnes cargo en su caballo "Tordillo" sobre los sublevados. El entonces presidente se encontraba en esos momentos en el barrio poniente de la ciudad, más precisamente en la plazoleta de la Iglesia de San Lázaro, a la espera de informaciones para decidir su destino.


Fue hasta ese lugar donde llegó el comandante Marcos Maturana, para informarle que la revolución había sido sofocada.


Espero haber aclarado este asunto, que me tenía inquieto.


jueves, 28 de julio de 2011

Carolina

Los mundos de Carola.

Incendio en el taller de Fermín Vivaceta

1865, 16 de enero

        En las elecciones efectuadas al cierre del año logramos que mister Meiggs fuera designado Vicecomandante, José Luis Claro asumía como director de la 3ª, y Ramón Abasolo era elegido capitán. Debo explicar que el sistema de generación de los cargos, entre los bomberos, es absolutamente democrático. El día 8 de diciembre de cada año, en recuerdo al incendio del Templo de la Compañía, los bomberos de Santiago eligen por votación a quienes serán sus oficiales para el año siguiente, pudiendo ser reelectos si demuestran la capacidad y entrega que requiere tal responsabilidad.

            -¿Hacia dónde vamos?- pregunté mientras tomaba las cuerdas para sacar la bomba a palancas.
            -Al taller de Vivaceta, en San Pablo. ¡Él mismo vino a avisarnos!
            Las llamas habían aparecido en la parte trasera del local de mi amigo Fermín Vivaceta, y lo primero que él hizo fue correr hasta el cuartel y dar la alarma. Por suerte nos encontrábamos en ese momento el teniente 4º Manuel Zamora y unos tres voluntarios, a los que se sumaron de inmediato los bomberos de la 1ª y 2ª de bombas, que sacaron su material, siguiendo a la bomba a palancas de la Poniente.
            -¡Más rápido, por favor!-, grita Fermín Vivaceta, con su barba bíblica flotando al viento y su desgarbada figura saltando junto a los adoquines de la calle del Puente. Una masa de personas rodea la cuadra, atraída por el humo y avisados por las campanas de incendio de las iglesias de Santo Domingo y Santa Ana.
            Una gran columna café indicaba que el local ardía peligrosamente, y sin pensarlo dos veces Vivaceta simplemente sacó una de las mangueras, sin esperar la orden del teniente Zamora, y pitón en ristre se metió entre las llamas, gritando desesperado para que le mandaran agua. Los operarios ya retiraban parte de los trabajos del taller, mientras bomberos y público se sumaban al trabajo en las varas de la bomba. Las palancas subían y bajaban aceleradamente para dar el máximo de presión, mientras Eusebio Benítez y José María Román, dos auxiliares que trabajaban esa tarde en la Vega, habían tomado los grandes cueros y sentándose sobre ellos en la acequia que cruzaba por San Pablo, iniciaban el trabajo de acumular agua para el mejor trabajo de las palancas hidráulicas.
            -¡Agua, por favor!
         Hasta que por fin, ridículo primero, y violento después, el blanco chorro abrazado por las llamas, iniciaba su lucha implacable. Fermín Vivaceta veía cómo parte de sus repisas, los trabajos en cartón y yeso para el cementerio, los diseños de torres de iglesias y locales para el mercado central, se pulverizaban en millones de trozos de carbón encendido.
Cuando el capitán Ramón Abasolo se hace presente, ya los pitones de la 1ª y 2ª de bombas han cerrado el paso a las llamas por detrás del local. En poco más de una hora, el fuego ha sido completamente extinguido y los bomberos iniciaban el retiro de las mangueras usadas para controlar el siniestro.
Fermín Vivaceta está pálido, parado en medio del desastre, como una estatua representando el invierno, mojado y con la barba chamuscada. Mira con angustia cada obra destruida, las maderas hinchadas, los cartones deshaciéndose en el agua y el piso de tierra apisonada cubierto de barro y carbones. Al girar, sonríe.
            -Gracias, capitán. Pudo haber sido peor.

        Ramón Abasolo se retira pensando en lo dramático de la labor del bombero, muchas veces destruyendo el camino para alcanzar y aniquilar al fuego, y una vez conseguida la victoria, solo dejar un escenario de dolor y desolación. Por eso, había abrazado a Fermín Vivaceta, ese pastor de obreros, maestro de clases nocturnas, príncipe de los artesanos. Y lo admiraba, porque a las pocas horas de haberse fundado la 3ª compañía de bombas, ese hombre, alto y delgado, de enredada cabellera negra y profundos ojos grises, había pedido un lugar en las filas.                                 
-Mister Meiggs partió a Valparaíso.
- ¿A qué fue, capitán?
- A buscar la nueva bomba a vapor y traerla a su maestranza.
-¿La bomba a vapor? Debe ser una maravilla comparada a nuestra Poniente.
-Mandó por telégrafo la noticia que traía la máquina, a la que ya están llamando “el monstruo yankee para apagar incendios”. Cómo no vamos a estar orgullosos de mister Meiggs, que gestionó la traía de esa bomba y ahora parte a buscarla él mismo para dejarla a punto de entrar en servicio. Y agregue usted a eso que también ha llegado el material para la 2ª. de Hachas, Ganchos y Escaleras.
            -Poco a poco ya tenemos lo más moderno. Qué bien.
            -Así es, Vicente. La primera bomba a vapor en Sudamérica llega a nuestro Cuerpo. ¡Qué le parece!- y se alejó sonriendo silenciosamente.

miércoles, 27 de julio de 2011

Los primeros incendios.

1864.

 Durante los primeros tres meses de este año hemos combinado ejercicios y alarmas. Al comienzo era difícil saber dónde se había producido un incendio, ya que los serenos, que aún quedan algunos, partían al cuartel general de calle Santo Domingo, y avisaban la dirección y, al mismo tiempo, corrían a la catedral para que dieran la alarma con sus campanas. Así ocurrió en nuestro primer incendio, el 31 de marzo, en casa de doña María Larraín, en calle Ahumada. Llegaron las dos compañías francesas, que estaban muy cerca, y pocos minutos después el resto de las compañías. No fue necesaria nuestra intervención, pero llegó hasta el lugar un grupo numeroso de voluntarios.
            La ciudad comenzaba a probarnos, de a poco, como ocurrió al día siguiente 1° de abril, en el taller de encuadernación del señor Ruiz Tagle. Armamos la pequeña bomba a palancas en una acequia de calle del Estado y dimos agua prontamente, sofocando el comienzo de incendio en pocos minutos.
            La alegría que generaba en nosotros el trabajo de incendios era absolutamente nueva. Contemplar cómo las llamas eran ahogadas por el agua de nuestros pitones nos entregaba una sensación de poder superior. Nuestra existencia adquiría un nuevo sentido, solidario y eficiente.
            Después fue un incendio de medianas proporciones en las cocinas del convento de las Monjas Agustinas, donde la inflamación de la chimenea tomó parte de los techos, obligándonos a un trabajo peligroso arriba de las escalas. Fue el incendio más complejo al que asistí. Y debo decir que los oficiales de las compañías actuaban como verdaderos capitanes de guerra, distribuyendo al personal, supervisando el trabajo de los bomberos y aprovechando el momento para perfeccionar la instrucción. Cómo graficar la sensación de quedar enteramente mojado y hediondo a humo, con el agua entrando por el cuello de la camisa, con las manos cubiertas de carbones, y casi extenuados al terminar las labores de extinción, pero, con una alegría inexplicable luego de derrotar al fuego.

            Las llamas me asustan, porque tiene vida propia, y cuando logramos controlarlas en un punto aparecen de inmediato en otro, burlándose de nosotros mientras van destruyéndolo todo en su avance. Me asusta, reconozco, pero venzo el temor cuando lanzo los potentes chorros de los pitones y le doy de lleno en el cuerpo. Su venganza es ahogarnos con un humo espeso, asfixiante. Son momentos de angustia, de muerte por falta de aire, de deseos de arrancar hacia la calle, pero algo nos obliga a permanecer envueltos en esa masa gris, hasta vencer el miedo.
            Lo más sabroso es cuando regresamos al cuartel. Todos hablan como si cada uno de ellos hubiese apagado él solo las llamas. Y los miro como héroes valientes, todos tiznados pero sonrientes. Deben tener la misma sensación que yo, al superar el miedo y sentirse dioses triunfadores.

miércoles, 20 de julio de 2011

1782.

Ese año nace doña Francisca de Paula Segura, mujer de Manuel Rodríguez y madre de su único hijo, el futuro político Juan Esteban Rodríguez Segura, nacido un mes ante del asesinato de su padre (1818). Doña Francisca residió en Pumanque hasta su muerte, en 1874.

También nacía don Juan José Carrera Verdugo, hermano mayor de don José Miguel Carrera. Dotado de gran fuerza física y personalidad avasalladora, será comandante de los Granaderos de Chile durante las campañas de la Patria Vieja.

Nace el mineralogista francés Pierre Berthier, quien describe por primera vez la bauxita, un mineral que descubre y analiza en la localidad de Les Baux, en la región de Provenza.

En Buenos Aires nace don Ventura Blanco Encalada, hermano del futuro almirante Manuel Blanco Encalada. Educado en España, solo regresa en 1816 a Argentina, ingresando a Chile en 1820. Será más tarde ministro de Estado y decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile.

El 25 de marzo del mismo año nace Carolina Bonaparte, hermana de Napoleón. Ambiciosa, casa con  Joaquín Murat, mariscal del ejército francés. Tras la derrota imperial y el fusilamiento de su marido, huye a Italia. Fallece en Florencia en 1839.

Toribio de Luzuriaga nacía en Huaraz, Perú. En las guerras de independencia actuó en las campañas del norte argentino. Gran amigo de José de San Martín, en 1816 asume la gobernación de Cuyo, para ayudar al general en su proyecto de cruce de la cordillera. Será figura importante en los procesos y fusilamiento de los hermanos Carrera. Luego de la expedición a Lima será el primer peruano que recibe el título de Gran Mariscal.

Ildefonso Elorriaga nace en Álava, España y llega a Chile donde se incorpora al ejército. Durante la invasión española del almirante Pareja (1813) asume destacados cargos, estando presente en la batalla de Chacabuco (1817), donde muere en combate.