miércoles, 13 de julio de 2011

Garibaldi y los bomberos.


Cuando se funda el primer cuerpo de bomberos voluntarios en Chile, adoptan como uniforme un blusón característico, que se conocía en esos días como modelo Garibaldi. ¿Qué relación hay entre el mítico personaje italiano y nuestros bomberos?
Partamos recordando algo del héroe italiano. Había nacido en 1807 en Niza (entonces parte de la república  de Piamonte), integrándose desde muy joven a la marina mercante. Recorre así el Mediterráneo, el Mar Negro y Turquía. A los 25 años ya es capitán de la nave, cayendo prisionero de los piratas, y logrando escapar. Después de 6 años regresaba a casa, iniciándose en el movimiento La Joven Italia, de Mazzini.

Luego de participar en el movimiento independista piamontés, es condenado a muerte, pero logra huir con otros miembros de la Joven Italia, desembarcando en Brasil. Ahí lo vemos involucrado en los movimientos independistas en Brasil y Uruguay, iniciándose en la logia “Les amis de la Patrie” en Montevideo. Participa en nuevas acciones guerrilleras, pero finalmente es derrotado, regresa a Italia, fracasa en sus planes de independencia y retorna a Sudamérica. En 1851 visita en Perú a la antigua amante de Bolívar, Manuela Suárez. Y aquí funda la primera compañía de bomberos de El Callao, que hasta hoy lleva su nombre.

Durante las guerras de independencia en las que participa, sus hombres utilizan el blusón rojo que distingue a los guerreros de Garibaldi. Y ese blusón se convierte en una moda en homenaje al héroe italiano. Y cuando nuestras primeras compañías de bomberos 
se fundan, visten la blusa de Garibaldi.


Y cuando se funda el Cuerpo de Bomberos de Santiago, el primer distintivo que van a usar nuestros voluntarios es la blusa de Garibaldi.

Un recuerdo de esos primeros días de fundación de los bomberos chilenos.

lunes, 11 de julio de 2011

UNA ATRACTIVA VISITA

El 4 de julio nos visitó en la Universidad Central mi ex alumna y ahora docente, Catalina Díaz-Romero, quien compartió con nosotros una jornada en el taller de primer año de la escuela un dinámico workshop. En la foto los alumnos, y de pie, al centro (de falda roja) Catalina. Abajo, Los profesores del taller: Claudio Venegas, el editor de este blogspot y Carlos Núñez.

sábado, 9 de julio de 2011

Haroldo en Italia. Héctor Berlioz



Ganar el Premio de Roma había sido su ambición, y al lograrlo, dejaba atrás su círculo de amigos y artistas, una novia y el sueño imposible de su romance con una actriz de segunda categoría. Ya en Italia sintió la decepción de un ambiente- para él – estrecho y parroquial. Los poetas románticos son su inspiración, y compone obras en las que ese sentimiento impregna absolutamente sus obras, aun cuando sea difícil imaginar a qué parte de una obra pertenece. Y es el caso de la obra que vamos a recordar.

Por supuesto que es Héctor Belioz el compositor al que nos referíamos, el mismo que estando en Italia y al enterarse del matrimonio de su novia, cambió sus ropas por las de mujer, compró un par de pistolas y viajó en diligencia para matar a la infiel. Y todos sabemos que regresó a Italia, tras una breve farsa de suicidio y siguió ganando el dinero que le otorgaba el premio.
Pero al regresar, sumó recuerdos y dos años más tarde iniciaba el trabajo.
Y nacía Haroldo en Italia. El gran Paganini le pide, admirado por su Sinfonía Fantástica, una pieza para su Stradivarius. Berlioz trabaja primero sobre las últimas horas de María, Reina de los Escoceses, pero finalmente termina con una sinfonía en cuatro movimientos: Haroldo en Italia.


Berlioz era un romántico de tomo y lomo, un hombre a quien lo convencional le disgustaba profundamente, y escuchar en Italia la ópera tan en boga en esos momentos simplemente lo detestaba. En cambio añoraba, según el mismo lo escribe, ponerme al servicio de un jefe de bandoleros. Esa es la vida que anhelo: “volcanes, rocas, entre rumas de pillaje en las cuevas de la montaña, un concierto de alaridos acompañados por una orquesta de pistolas y carabinas, sangre y “lachryma Christi”, una cama de lava mecida por temblores subterráneos. Allons donc, voilà la vie!”


El estreno de esta sinfonía fue un éxito inesperado, pero de ahí en adelante, sólo fracaso. Pareciera que su paso por Italia cortó la carrera ascendente iniciada con La Sinfonía Fantástica. Su segunda Sinfonía, Haroldo en Italia, aun nos sorprende. Siendo un concierto para viola, respondiendo a la petición hecha por Paganini, sin embargo su participación es breve, sin cadenzas, y solo al final de la obra. Por los títulos de sus cuatro movimientos, sería un poema sinfónico,  o música programática enlazada por el tema solista como una “idea fija”. Y sin embargo es la obra más cercana a Beethoven, ciñéndose fielmente a la estructura sinfónica del maestro.
En su creatividad, Berlioz entrega a Haroldo el rol de observador de la obra, llevando la orquesta la descripción. En el tercer movimiento (Serenata de un montañés de Abruzzes, allegro assai – allegretto), Berlioz recuerda su estadía en Italia, en Alatri, cuando está regresando a Nápoles, y estando esa noche en un albergue de duras camas, plagadas de piojos -según su gráfica descripción – escuchó a unos jóvenes dando una serenata a una amante apoyada en un balcón, con el acompañamiento de una guitarra y un desafinado clarinete. Este será el trasfondo musical del tercer movimiento de Haroldo en Italia,  de Berlioz.

Al enfrentar el cuarto movimiento (orgía de los bandoleros, allegro frenetico – adagio – allegro – tempo primo), la viola asume totalmente la subjetividad, la interpretación del entorno, mientras la orquesta sigue más fuertemente su función descriptiva. Caminos, ritmos de la procesión y las balas que matan al viajero, a Childe Harold. La viola enmudece y se funde en el ceremonial berlioziano de la muerte, una marcha fúnebre sin el sello de otras que él escribiera, porque se mezcla la muerte con la orgía de los bandoleros, mientras Haroldo cae mortalmente herido.

Decíamos que Haroldo había sido un éxito en su estreno. El regreso de Italia de Berlioz se veía auspicioso. La Sinfonía Fantástica le había dado nombre, y ahora estrenaba Lelio, algo así como su segunda parte; Harriet Smithson, su mujer idolatrada, finalmente accedía a casarse con él, pero vendría la terrible realidad a enseñorearse en la vida del compositor. Su ópera Benvenuto Cellini fracasaba, su mujer le endeudaba mientras padecía una y otra enfermedad, y la ruina solo se veía compensada con un inesperado regalo, 20.000 francos, enviado por Paganini junto a una nota en que se leía: “Muerto Beethoven solo Berlioz puede hacerle revivir”.
Los años siguientes serían de soledad, fracaso y muerte. Solo la compañía de María Recio fue su consuelo.
Héctor Berlioz, el maestro de la orquestación y de la música programática, falleció en 1869.

(Recuerdos de mi programa Música y Músicos en Radio Beethoven)

viernes, 8 de julio de 2011

George Sand y Federico Chopin

Todos conocemos la historia de amor, apasionada y frustrante, en las vidas de Federico Chopin y George Sand. Ella había nacido en 1804, el mismo año en que Napoleón Bonaparte asumía como emperador de los franceses, y la bautizaron Amandine Aurore Lucie Dupin, llegando a convertirse en la baronesa Dudevant. Rostro y alma de los románticos franceses, sus amores escandalizaron a muchos, pero fue la gran escritora del romanticismo. Sus frases fueron famosas. Y su recuerdo, inmortal. Una de sus frases sirva para iniciar este texto. “Te amo para amarte y no para ser amada, puesto que nada me place tanto como verte feliz”.


El gran escritor ruso Fiodor Dostoievsky escribió interesantes recuerdos sobre George Sand y su época. El año 1830 es de revoluciones y marca el desarrollo pleno del movimiento romántico. Dostoiewsky recuerda ese periodo, cuando en Rusia estaba prohibido leer las obras del nuevo movimiento cultural que explotaba en Europa. Y escribe: “Muy pronto se comprendió entre nosotros el gran movimiento literario producido en Europa en el comienzo mismo de la cuarta década… que se manifestó con especial impulso en el arte, en la novela, y sobre todo, con George Sand”. Es cierto que Senkovsky y Bulgarin pusieron en guardia al público contra George Sand, incluso antes que se publicaran sus novelas en ruso. Y asustaron a las damas rusas porque ella usaba pantalones, atemorizando con la depravación y procuraron por todos los medios ridiculizarla. Una frase de George Sand: Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado”.
Sigamos con Dostoievsky. Recuerda que “ella apareció en idioma ruso aproximadamente en la mitad del año treinta, y la admiración que produjo en todos fue considerable. Creo que como a mí, en plena adolescencia, como a todos, sorprendió por la castidad, la elevada pureza manifestada en sus tipos y los ideales puros que sustentaba” . Otra frase de George Sand: “Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor, que muchas veces lloramos de alegría”.


No era fácil en los tiempos en que George Sand escribía, aceptar sus defensas de la mujer, o a sus heroínas que enfrentando el peligro, sobreponían su virtud y su honor. Su palabra sonaba a peligrosa para las mentes más conservadores. No es casualidad que un crítico haya escrito: “en el orgullo de esta requisitoria femenina, en esa castidad irreconciliable con el vicio, en esta osadía con que las inocencia se lanza a la lucha y mira claramente a los ojos, se encierra un veneno, el futuro veneno de la protesta femenina, de la emancipación de la mujer”.


Volvamos a las reflexiones de Dostoievsky. La muerte de la escritora le afecta profundamente, y trata de definir su obra: “George Sand no era una pensadora, pero sí uno de sus más evidentes presentidoras, si es que se me permite usar tan inadecuada palabra, de ese futuro feliz que espera a la humanidad, en el logro de cuyos ideales creyó animosa y generosamente toda su vida”.
Y, una frase de ella: “La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”.


Borrascosa unión la de Federico Chopin y la George Sand, con dificultades domésticas donde las preferencias por los hijos de la escritora generan tormentas familiares. Viajes por Francia, España, Mallorca, y nuevamente Francia, en busca del alivio físico, para un genio que se consume. Ella escribe: “Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo”.


El 8 de junio de 1876, dejaba de existir Aurora Lucille Dupin, baronesa Dudevant, personaje marcado por su tiempo, amante del poeta Alfred de Musset, amiga de Liszt y Delacroix, compañera por años de Federico Chopin, escritora de avanzada, luchadora por la igualdad femenina y profunda crítica literaria y social. Ya dedicaremos un texto al gran Chopin, pero valía la pena conocer un poco más a su musa de sus años finales.

lunes, 4 de julio de 2011

EN LA ESCUELA DE PERIODISMO

En marzo de 1964 me integraba al primer año de la Escuela de Periodismo.                                                      - Nos dijeron que tú eras democratacristiano – me señaló un alumno de un curso superior, rubio, de ancha sonrisa. Óscar González Clark se veía muy seguro, mucho más que yo, ya que me asignaban una categoría que no tenía y en un medio absolutamente desconocido, como era el primer día de ingreso a la universidad.
- ¿Tú eres Antonio, verdad?
- Sí. - contesté, porque era cierto.
Media hora más tarde me paraba sobre el escenario del aula mayor de la Escuela y llamaba al silencio a una masa desordenada de unos ciento veinte alumnos.

- El Centro de Alumnos nos ha pedido que organicemos el curso y nombremos delegados - alcancé a gritar mientras algún desconocido simpatizante pedía silencio - Para facilitar las cosas, vamos a poner en esta pizarra los nombres que ustedes digan y las dos primeras mayorías serán nuestros delegados.
En medio del ruido alguien de la segunda fila gritó Tú, como te llamai. A lo que grité por mi cuenta Antonio, entre seguro y mejor-me-voy. Voto por Antonio! y anoté mi nombre. Samuel Urzúa, gritó alguien en medio de un grupo, y un flaco de lentes y peinado con partidura levantó la mano. Juan Rojo… Félix Castro… Y vino la votación y salimos electos Samuel Urzúa y yo.
Guitarreando en el casino. A mi lado, Carmen Gloria Donoso y sentada, Anamaría Caballero




















Fue mi estreno en la política nacional. De ahí a presidente de curso de primer año, y a entrar de lleno a la JDC, grupo que se insinuaba especialmente dinámico y atractivo en un año de elecciones presidenciales. A la primera reunión del centro de alumnos, encabezada por un panameño de nombre Marco Gandásegui, asistió el presidente en ejercicio de la Fech. Era alto, con un rulo que le caía en la frente y ojos semi-perdidos detrás de unos lentes de grueso marco negro.
- Se llama Luis Maira - me dijo Carmen Gloria Donoso, que oficiaba como integrante del centro de alumnos del curso, y a la vez  fanática democratacristiana. Y fui conociendo a los que serían mis compañeros de estudios. La Juppy Álvarez, también DC; Juan Rojo, socialista; Félix Castro, socialista; Samuel Urzúa, comunista; Santiago del Campo, DC; Alejandro este-que-Koffman, socialista y tartamudo; Magali Daudet Proust, la de los apellidos literarios, pro DC; la hermosa Vivianne Barry, mi primer latido de corazón universitario (a pesar de mi eterna fidelidad con la Patty, polola que perduraba desde los tiempos del quinto año de humanidades en el British High School). 


Margarita Prado
El grupo iba creciendo a medida que se acercaban las elecciones de septiembre de ese año 1964. Federico Gana Johnson, Pury Gaune, Bernardita Aguirre, cuya amiga Margarita Prado también me generaba latidos extra, pero ella formaba parte de un círculo más estrecho, más de élite, con Javier Beytía y Patricia Schneider, que aunque socialista, era de una belleza nórdica sólo comparable a su buena ropa. Lo que sí nos igualaba a todos era la ausencia de automóviles. Si mal no recuerdo, sólo  Magali Daudet, Patricia Schneider y  Florencia Varas tenían auto de su propiedad. El resto debíamos caminar hasta Irarrázaval o Macul para agarrar locomoción. En mi caso, llegaba hasta la Plaza Ñuñoa, tomaba la liebre Manuel Montt-Cerillos, me bajaba en Providencia y caminaba hasta mi casa.
Al principio, la rutina comprendía salir de clases, ir a buscar a la Patty (que estudiaba Biología en el Pedagógico, en la misma Facultad de Filosofía y Educación en la que estaba mi escuela), y donde era compañera de curso de un muchacho de voz profunda, Pedro Sánchez, con quien años más tarde hicimos una estrecha amistad, tanto en Televisión Nacional como en el mundo de la fotografía y la radio, y que hasta hoy perdura.
Luego, debía viajar en micro hasta su casa en calles Toesca y Ejército, regresar en la noche a la casa, comer con la gringa (madre) y el pelao (padre), escuchar en la radio el concierto nocturno, y tener listo el uniforme de bombero a los pies de la cama. 

domingo, 3 de julio de 2011

En el día de los bomberos

Saludo a todos los bomberos.
Y cómo no hacerlo, cuando esta semana hemos estado recordando los 160 años de la institución más prestigiosa de Chile. Es una sensación de nerviosismo la que nos invade a lo largo de todo el país. Casi cuarenta mil chilenos, hombres y mujeres, que han abrazado esta causa que naciera en Valparaíso en 1851 y que, cual plaga de amor al prójimo, se extiende en cada uno de nuestros pueblos y ciudades. Chilenos y extranjeros, que han dado su vida por los demás, con un espíritu que desmiente el individualismo de nuestra sociedad. ¡Qué importa que a veces no tengamos dinero para nuestras gastadas mangueras y astilladas escalas! ¡Qué importan las humillaciones de nuestros compañeros de pasión que, con un tarro en la calle, piden dinero para salvarle la vida a los mismos que le niegan la moneda! ¡Qué importa el frío en las madrugadas de invierno o los tremendos calores en los incendios forestales de verano!
Ahí están, sonriendo con sus caras tiznadas, apretando un jarro de café caliente entre las manos temblorosas de frío. Ahí los vemos marchando por las calles, orgullosos de llevar el uniforme que los identifica; ricos, pobres, porteños de Valparaíso, hijos de alemanes, italianos, o británicos; profesionales, comerciantes, choferes de taxi; luciendo su número de bronce en el casco y su cotona que ha llevado el mismo color desde que se fundaron.
Y eso lo entiende la ciudadanía, y los aplaude cuando marchan con ese ritmo extraño de los bomberos, intentando marcialidad militar, pero con el sello del voluntariado más profundo y verdadero. Qué importa el gordito, el flaco, la niña con cola de caballo simulada bajo el yelmo de fuego. Son todos parte de una falange como pocas en nuestra Historia nacional, testigos de una idea nacida el 30 de junio de 1851 en Valparaíso y cuya antorcha ha ido extendiéndose por todo nuestro  territorio. Y como son orgullosos de ser bomberos voluntarios, las fronteras les han quedado estrechas, y han estado en los dramas de Haití, Bolivia, y en nuestros traicioneros terremotos, donde una vez más son los héroes silenciosos, los que nada piden a cambio, pero que son capaces de sonreír detrás del barro, las lágrimas y el cansancio.
Gracias, a cada uno de ustedes que visten la cotona del bombero voluntario. Gracias también a aquellos que sin ser bomberos, se emocionan al saber que admiran a la institución preferida por los chilenos. Porque los bomberos son el espíritu de esta nación, y mucho más. No necesitan una teletón ni un terremoto para responder de inmediato y acudir en ayuda de quien los necesita, cada día, todos los días.
Y yo me sumo a las felicitaciones, y a mis propias felicitaciones, porque soy uno más, solo eso, de esa legión hermosa que tanto orgullo es capaz de regalarnos.

sábado, 2 de julio de 2011

Frases de Santa María

Dicen que un presidente con personalidad de motor debe ser seguido por un gobierno tranquilo. Y un poco de eso ha tenido nuestra Historia. Si observamos por un instante el siglo diecinueve, al presidente Manuel Montt (motor, con dos revoluciones en su contra), le siguió José Joaquín Pérez (tranquilo, con una guerra contra España); luego vino Federico Errázuriz (motor) y Aníbal Pinto (tranquilo, a pesar de los conflictos internacionales), tras él Domingo Santa María (motor de motores), pero después le siguió  el gobierno de José Manuel Balmaceda (otro motor) y estalló la Guerra Civil.
Intendente de Colchagua a los 23 años (1847) practica la más abierta intervención electoral, lo que le significa la salida del gobierno y se pasa a la oposición. Participa en las revoluciones de 1851 y 1859, siendo desterrado, regresando con Vicuña Mackenna en 1862, gracias a la amnistía del nuevo presidente, José Joaquín  Pérez Mascayano. De inmediato asume varias carteras ministeriales del gobierno. Ácido crítico de la conducción de la Guerra del Pacífico (era senador desde 1879), el Presidente Aníbal Pinto decide neutralizarlo nombrándole ministro de Relaciones Exteriores, Interior y Guerra. Preparó desde ese momento su ascenso a Presidente de la República.
Las frases de Santa María reflejan esa personalidad avasalladora.

Intervencionista consuetudinario.                                                                                                              "Yo sé que he sido electo con intervención electoral, y no me importa, no me importa porque mi elección fue la mejor que se pudo hacer en Chile, a pesar de no haber sido correcta".

Político de la vieja escuela.                                                                                                                         “Se me ha llamado interventor. Lo soy. Pertenezco a la vieja escuela y si participo de la intervención es porque quiero un parlamento eficiente, disciplinado, que colabore en los afanes de bien público del gobierno. Tengo experiencias y sé a dónde voy”.

Sobre admiradores y contradictores.                                                                                                                      “Junto con Vicuña Mackenna, he sido uno de los hombres que ha levantado en Chile más admiradores incondicionales y los más fervorosos contradictores. Se me ha acusado de falta de línea, de doctrina, de versatilidad, de incoherencia en mis actos. Es cierto; he sido eso porque soy un hombre moderno y de sensibilidad, capaz de elevarme sobre las miserias del ambiente y sobreponerme a la política de círculo y de intrigas”.

Sobre sus conflictos con la Iglesia.                                                                                                   “El haber laicizado las instituciones de mi país, algún día lo agradecerá mi patria. En esto no he procedido ni con el odio del fanático ni con el estrecho criterio de un anticlerical; he visto más alto y con mayor amplitud de miras. El grado de ilustración y de cultura a que ha llegado Chile, merecía que las conciencias de mis ciudadanos fueran libertadas de prejuicios medievales. He combatido a la iglesia, y más que a la iglesia a la secta conservadora, porque ella representa en Chile, lo mismo que el partido de los beatos y pechoños, la rémora más considerable para el progreso moral del país”.

La futura democracia.                                                                                                                                      “Se me ha llamado autoritario. Entiendo el ejercicio del poder como una voluntad fuerte, directora, creadora del orden y de los deberes de la ciudadanía. Esta ciudadanía tiene mucho de inconsciente todavía y es necesario dirigirla a palos. Y esto que reconozco que en este asunto hemos avanzado más que cualquier país de América. Entregar las urnas al rotaje y a la canalla, a las pasiones insanas de los partidos, con el sufragio universal encima, es el suicidio del gobernante, y no me suicidaré por una quimera. Veo bien y me impondré para gobernar con lo mejor y apoyaré cuanta ley liberal se presente para preparar el terreno de una futura democracia. Oiga bien: futura democracia”.

Domingo Santa María González falleció en 1889, dos años antes de la guerra civil, cuando era Presidente José Manuel Balmaceda, su antiguo ministro.